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Lobby político

Cuando la Política se Tokeniza: Cripto, SuperPACs y la Influencia de Fairshake en Washington

En los últimos años, la industria de las criptomonedas ha dejado de ser un actor marginal para convertirse en un lobby político con peso propio en Washington. Brian Armstrong, CEO de Coinbase, lo explicó con notable franqueza: el sector entendió que, para sobrevivir y prosperar, no bastaba con la innovación tecnológica. Era necesario acumular poder político.
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Así surgió un movimiento de base, standwithcrypto.org, que organizó a millones de usuarios en EE.UU. y les dio voz frente al Congreso. Una de sus herramientas más efectivas fue la creación de “tarjetas de puntuación” que clasificaban a los legisladores según su postura frente al mundo cripto. El mensaje era claro: los votantes sabían quién apoyaba o frenaba la innovación, y estaban dispuestos a votar en consecuencia. El esfuerzo no se limitó a movilizar a los usuarios. Armstrong reconoció que también hubo una apuesta fuerte por el terreno más pragmático de la política estadounidense: los PAC (Political Action Committees). Estos comités de acción política permiten recaudar fondos para apoyar o desafiar candidatos en elecciones. Y aquí entra en escena Fairshake, un “super PAC” que ha canalizado decenas de millones de dólares de la industria cripto para respaldar a candidatos pro-cripto y oponerse a quienes mantenían una postura hostil. Conviene entender en este punto la diferencia entre los  PACs y los Super PACs en el ámbito de la financiación de partidos en USA. Un PAC tienen limitaciones en las cuantías donadas a partidos políticos: Un PAC tradicional solo puede donar hasta 5.000 USD por candidato y por elección. Y solo hasta 15.000 USD por año a un partido político. Sin embargo, en 2010, a raíz de dos sentencias del Tribunal Supremo de EE.UU  se abrió la puerta a una nueva figura: los Super PACs.  Se parecen a los PACs, pero con una diferencia fundamental:
  • Pueden recaudar y gastar cantidades ilimitadas de dinero de individuos, empresas, sindicatos y asociaciones. Pero no pueden donar directamente a los candidatos ni coordinarse oficialmente con sus campañas. Su actividad se centra en publicidad política independiente, como anuncios a favor o en contra de un candidato.
Así el SuperPAC Fairshake se convirtió así en un actor clave, evidenciando que en EE.UU. el dinero es un componente inevitable del proceso electoral. Las democracias pueden debatirlo, como dijo Armstrong, pero la realidad es que quienes cuentan con respaldo financiero tienen mayor capacidad de influir en los resultados. El desenlace ha sido inmediato: algunos congresistas hostiles a las criptomonedas perdieron sus puestos en las últimas elecciones, mientras que otros, favorables a la innovación, ganaron terreno. Washington tomó nota: existe un “votante cripto” y su peso comienza a ser determinante. Más allá de la anécdota, este caso ilustra una cuestión más amplia: la interacción entre derecho, política y tecnología. El ecosistema de las stablecoins y las criptomonedas no solo redefine los sistemas financieros; también está remodelando la forma en que los intereses económicos buscan representación en el proceso democrático. Si te ha gustado este artículo, también puede resultarte interesante la lectura del siguiente: La nueva regulación de las criptomonedas con Trump

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