Hasta ahora, una de las herramientas de lucha contra el cambio climático, eran unas ayudas a las empresas para que modificaran su estructura productiva y contaminaran menos. Sin embargo, ahora, la Directiva (UE) 2018/410 para la reducción de emisiones de manera eficaz en relación con los costes, dice que la no utilización por los Estados Miembros, del 25% de los ingresos generados por la subasta de derechos de emisión para la compensación de los costes indirectos, mejora los objetivos del RCDE de la UE al tiempo que mantiene la integridad del mercado interior.
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¿Qué quiere decir la Directiva y por qué limitar los ingresos de la subasta para compensar los costes indirectos mejora los objetivos del Mercado Regulado y Obligatorio de derechos de emisión?
Vamos a tratar de explicarlo con un ejemplo: Imagina que tenemos un bote lleno de monedas que vamos a usar para combatir el cambio climático. Estas monedas son los ingresos de las subastas de derechos de emisión, es decir, el dinero que se obtiene al vender permisos para contaminar. La Directiva lo que dices es que podemos usar hasta un 25% de estas monedas para compensar a ciertas industrias que se ven afectadas por las medidas para reducir las emisiones. Esto es como dar un pequeño premio a estas industrias para que no se enfaden demasiado.
¿Qué son esos costes indirectos?
Los costes indirectos son como “ayudas” que algunos países dan a sus empresas para compensar los gastos extras que tienen por las medidas para reducir la contaminación.
¿Por qué limitar las compensaciones?
Podríamos decir que la Unión Europea, en su lucha contra el Cambio Climático, está evolucionando y corrigiendo con agilidad, ineficiencias a medida que advierte que se producen. Digamos que cabe al menos entender que hay cuatro razones:
Primera razón: Más dinero para reducir emisiones:
Esto es, si los países gastan menos en compensaciones, tendrán más dinero para invertir en tecnologías limpias, energías renovables y otras medidas que reduzcan directamente las emisiones.
Segunda razón (disuasoria): Evita la “contaminación barata”:
O lo que es lo mismo, si las compensaciones son muy generosas, las empresas podrían preferir pagarlas en lugar de invertir en tecnologías limpias, lo que ralentizaría la transición hacia una economía baja en carbono.
Tercera razón: Porque protege el mercado interior:
Si cada país tiene reglas diferentes para las compensaciones, se distorsionaría la competencia y se dificultaría el funcionamiento del mercado único europeo.
Y por último: Más motivación para ser limpio:
Si las empresas saben que no recibirán tantas ayudas, tendrán más incentivos para buscar formas más eficientes y limpias de producir.
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